AVS / Fotografía
Una pantalla llena de tiempo: los Theaters de Hiroshi Sugimoto
Una pantalla de cine blanca puede contener una cantidad sorprendente de cosas: una película entera, su duración y el espacio en el que la gente la ve. Los Theaters de Hiroshi Sugimoto cambian nuestra manera de pensar en lo que una fotografía puede preservar.
Una película se convierte en luz
Normalmente esperamos ver movimiento en una pantalla de cine. En las fotografías de Hiroshi Sugimoto encontramos una superficie luminosa en la que ya no se distingue ninguna acción. Es el resultado de una decisión inusual: la exposición dura lo mismo que la película. En su sitio web, Sugimoto describe un primer experimento con una cámara de gran formato en un cine de Nueva York. Abrió el obturador al comenzar la proyección y lo cerró unas dos horas después. [1]
Los acontecimientos que se sucedían quedan reunidos. Ya no es posible distinguir rostros, cambios de lugar ni giros dramáticos. El negativo acumula luz sin conservar una narración legible. La distinción importa: la fotografía contiene la duración de una proyección, pero no podemos recuperar la película a partir de ella. Una exposición puede registrar mucho y decirnos muy poco sobre lo que ocurrió realmente.
La sala pasa a primer plano
En Carpenter Center, Richmond, 1993, la pantalla luminosa se sitúa dentro de una embocadura de escenario ricamente decorada. Los adornos curvos, las paredes laterales oscuras y los arcos de asientos forman un marco de varias capas. La luz atrae primero la mirada hacia el centro. Como allí no hay ninguna escena que descifrar, la mirada vuelve hacia los bordes: hacia formas que una visita al cine, a oscuras, podría dejar fácilmente inadvertidas. [1]
Cinerama Dome, Hollywood, 1993 organiza de otra manera el acto de mirar. Una pantalla ancha y curva domina el auditorio, bajo un techo dividido en formas geométricas. Pasar de una fotografía a otra revela que la superficie blanca es algo más que un efecto repetible. Sus proporciones alteran su relación con la sala. Aquí, la arquitectura se percibe como una estructura para mirar juntos; allí, se asemeja a una promesa construida con esmero. Esta es una lectura de las imágenes, no una afirmación documentada de la intención del artista.
Lo que la fotografía no puede demostrar
Las silenciosas filas de asientos nos tientan a imaginar un mundo sin público. Sin embargo, una exposición larga no nos dice de manera directa quién estuvo en la sala mientras se realizaba. La visibilidad también depende de cuánta luz incide sobre algo y de cómo se mueve. La escena aparentemente vacía no ofrece un relato completo de las circunstancias en las que fue fotografiada.
Precisamente ahí es donde estas obras resultan cautivadoras. Representan espacios reales y, al mismo tiempo, muestran con qué fuerza un procedimiento fotográfico modela nuestra comprensión de ellos. La cámara se convierte en un instrumento con su propia escala temporal. Nuestros ojos pueden seguir una historia; esta exposición reúne sus estados cambiantes de luz. Ambos se encuentran con el mismo acontecimiento, pero ninguno nos ofrece toda la verdad sobre él.
La elección de la película sigue importando
Más adelante, Sugimoto llevó este procedimiento a teatros históricos de Italia. Para las obras Opera House, instaló pantallas y proyectó películas en espacios construidos originalmente para otros tipos de representación. [2] En cines abandonados, llevó películas cuidadosamente elegidas para proyectarlas allí. Para Paramount Theater, Newark, 2015, Fraenkel Gallery registra una exposición de 134 minutos durante la proyección de la película On the Beach, de 1959. [3]
Por tanto, la película no desaparece en todos los sentidos. Su contenido visible se funde en luz; la elección de la película todavía puede contribuir a definir el marco conceptual de la fotografía. Un pie de foto meditado abre esta dimensión sin inscribirla en la propia imagen. Quien mira únicamente la superficie luminosa ve una forma. Quien sabe cómo se hizo la fotografía también puede leer una decisión sobre la memoria, la fugacidad y el futuro.
Tiempo para mirar
La contención podría ser, por tanto, fructífera en una exposición de estas fotografías. Primero, mostrar una obra a un tamaño suficiente, con sus gradaciones tonales oscuras y sus bordes intactos. Después, ofrecer su título, lugar y año, seguidos de una explicación del procedimiento. Una explicación puede ampliar un primer encuentro en lugar de sustituirlo desde el principio.
Esa distinción también merece atención en una pantalla. Un texto presentado de inmediato puede desvelar la sorpresa; una vista previa diminuta puede engullir la arquitectura. Las obras de Sugimoto invitan a una manera de mirar que se desplaza entre la fotografía visible y su intervalo de tiempo invisible. La pantalla no nos devuelve una historia. Nos permite intuir cuánto puede contener una fotografía sin mostrarlo.
Fuentes y obras
[1] Hiroshi Sugimoto — Theaters
[2] Hiroshi Sugimoto — Opera House
[3] Fraenkel Gallery — Hiroshi Sugimoto: Remains to Be Seen